Segundo fin de semana rolero

Tras dos años y medio sin jugar retomamos la partida, esta vez en un fin de semana rolero en una casa rural cerca de Potes y, pese a un par de incidentes relacionados con la casa (cosas de una tormenta que cayó el día anterior), la verdad es que la casa nos gustó y estuvimos cómodos.

A diferencia del anterior fin de semana rolero, en este nos centramos en la partida sin hacer turismo por la zona y creemos que fue una buena decisión (estábamos a setas, no a Rolex), aunque es cierto que el domingo, tras dejar la casa, me habría gustado visitar el monasterio de Santo Toribio de Liébana, que estaba cerca; en su lugar bajamos a Potes a tomarnos algo en una terraza.

El entorno en el que tuvo lugar la partida

La partida

Esta vez, como ya comenté, dejo de ser máster para pasar a ser jugador. Mi personaje es Gal-Alion, un elfo proscrito que se hace conocer como Var-Endil y con muchas cosas que ocultar (incluso al resto de sus compañeros).

Comienza la partida

La partida en sí quedó un poco coja, pues no pudimos reunirnos más que cuatro jugadores (tres personajes y el máster) y se notó que faltaba al menos otro jugador (esperamos poder solucionarlo la próxima vez… que ya estamos planificando).

En todo caso, la pertida comenzó donde la habíamos dejado, los demás jugadores emprendían el camino de vuelta a Middenheim cuando una tormenta les sorprendió en mitad de las montañas. Ahí pudieron ver un refugio, una cueva a la que se acercaron para encontrarse con un elfo hosco que se hacía llamar Var-Endil.

El elfo iba camino a Middenheim a ver a Griselda, por lo que se unió al grupo.

En Middenheim, en la casa de Griselda descubrieron que ésta no forma parte ya del mundo de los vivos, algo muy extraño ha causado su muerte, y entre los papeles encuentran una pista que les lleva a las Montañas Grises, al monasterio de La Maisontaal, donde llegan para descubrir que el contacto de Griselda también ha muerto, muy sospechoso todo.

Una vez en el monasterio se involucran en una búsqueda de túmulos de la zona; los monjes quieren catalogar ruinas, objetos y saberes antiguos de la zona, una misión que bien puede alinearse con los intereses de los jugadores.

Sin embargo, como siempre, lo que parecía una misión sencilla se ha convertido en algo muuucho más peligroso (y con esqueletos). Durante una visita a una mina enana para recabar información (habiendo eludido participar en las fiestas de un poblado humano cercano), un ejército de esqueletos digno de una película de Sam Reimi asalta el lugar y los jugadores se ven forzados a huir al monasterio, donde esperan hacerse fuertes… en la próxima sesión (a ver qué nos depara el máster).

Al final estuvimos jugando desde las cuatro de la tarde hasta las dos de la mañana, con una pausa de tres horas para una cena digna de un hobbit. ¡Una buena partida!

Los jugadores
Recuperando fuerzas para seguir la aventura